La coronación Pascual Chávez Villanueva, rector mayor de la orden de los salesianos y protector del pederasta, posando junto a niños y niñas.

 

“Como en aquel día en que hice mi primera consagración al sacerdocio, hoy quiero decir, una vez más: Sí, Señor.”

 

Una aclamación que parecía interminable lo interrumpió.

 

“Yo acepto la decisión de esta asamblea como la voluntad de Dios”. Otra catarata de aplausos inundó la casa generalizia en Roma.

 

La orden de los salesianos acababa de elegir como su máximo líder a un notorio protector de sacerdotes pederastas.

 

El padre Pascual Chávez pronunció después, con diáfana mirada, un breve discurso inaugural. A continuación vino el tradicional besamanos. Los superiores salesianos se acercaron, formando una fila, a rendirle homenaje. Se acaba de convertir, nada menos, que en sucesor de Don Bosco. Llovían, como un sello de aprobación sobre su ejemplar trayectoria sacerdotal los elogios del selecto grupo de religiosos invitados. Era el pináculo de la carrera eclesiástica del cura del Bajío. El único mexicano, de hecho, que actualmente dirige una orden religiosa del abolengo de los salesianos de Don Bosco, una de las más grandes del mundo. Primer rector mayor, cuyo linaje no era italiano. El noveno sucesor del legendario fundador.

 

Es curioso. Nadie lo ha cuestionado hasta la fecha sobre aquellos cincuenta niños abusados sexualmente por uno de sus curas en León, Guanajuato, cuando Pascual Chavez era un modesto supervisor de la zona.

 

Al día siguiente, el 4 de abril de 2002, el padre Chávez pronunció su primera homilía oficial en una velada especial. Exaltando a su predecesor, el padre Juan Vecci, otro connotado protector de curas paidófilos, prosiguió hablando de sus modestos inicios como un sencillo sacerdote mexicano. Dijo a la concurrencia:

 

“Invito a la familia salesiana y a todos los aquí presentes a un profundo compromiso con la juventud, especialmente con los jóvenes pobres y marginalizados, a renovar nuestra dedicación y servicio a la Iglesia, a amar e imitar el ejemplo que nos legó Don Bosco; llevando dentro de nosotros su carisma y ejemplo a las diferentes comunidades y culturas de donde hemos venido”.

 

A la homilía siguió otro festejo, más vino de honor y plegarias por el nuevo rector mayor. Ese mismo día ofició misa y concedió su primera entrevista a la prensa.

 

Es un misterio por qué dejó continuar al sacerdote Juan Manzo en su puesto, brindándole amplia protección, cuando ya sabía de los abusos. Luego, cuando estalló el escándalo y quiso maquillar las apariencias, lo trasladó —en un acto de singular piedad— a trabajar con niños indígenas mixes a la sierra de Oaxaca. Allá está, hasta hoy.

 

“Esta cultura de hoy, tan secularizada, tan materialista, tan hedonista, tiene una gran necesidad de ser purificada…” , continuó su discurso el hoy rector mundial de los salesianos.

 

Tomado del libro La explotación de la fe.

Ediciones B.

2008

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