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Este blog ha recibido algunos correos inquiriendo sobre la opinión del Dr. Jorge Erdely acerca de filiaciones y cuestiones eclesiásticas. Este texto, publicado por el autor en 2008, explica sus puntos de vista sobre el tema.

Si el sol no peca con lucir ¿cómo he de pecar yo con pensar?

José Martí

¿Hay sustento en el Nuevo Testamento para la idea de una institución mediadora indispensable? ¿O son más bien esas instituciones entes neutrales, desarrollos de la historia secundarios, o cotos de poder de burocracias, o simples expresiones organizacionales alrededor de propuestas teológicas, que llegarían a lo mas a intérpretes? Por supuesto, abundan las opiniones.

Cuando Erasmo de Rotterdam publicó su famosa edición del Nuevo Testamento en griego, en 1516, una de sus principales motivaciones fue hacer notar el abismo de diferencia entre el cristianismo en su forma original y la versión institucionalizada que imperaba en el siglo XVI. Prueba de ello son sus abundantes notas, publicadas en un tomo aparte, dedicadas a remarcar dichas diferencias.

Cito a Erasmo en un pasaje memorable: “¿Qué diremos acerca de los votos… sobre la autoridad del Papa, del abuso de las absoluciones y dispensas?… ¡Qué daría por que los hombres se contentaran con dejar a Cristo reinar por medio de las normas del Evangelio, y que no buscasen más fortalecer su tiranía oscurantista por medio de decretos humanos!”10

La tensión que denunciaba Erasmo, estaba, pues, entre la institución y el Evangelio de Cristo. Sus agudas declaraciones eran producto de haber examinado acuciosamente el Nuevo Testamento en su idioma original por años, y de haber colaborado, como pocos, en revivir el interés en el estudio del griego koine en Europa. Su ideal, como el de otros intelectuales influyentes en su época, era volver a las fuentes originales, al Nuevo Testamento, y hacer desde allí una evaluación crítica a la iglesia institucional.

Leído con cuidado, el Nuevo Testamento es ciertamente un libro que tiene mucho que decir acerca de la influencia que pueden tener las organizaciones religiosas en los seres humanos.

Influencias en ocasiones positivas, pero paradójicamente, a veces, espiritualmente desastrosas.

Una lectura observadora de los evangelios sinópticos, y aun de San Juan mismo, muestra a Jesús de Nazaret polarizando a sus oyentes con un discurso que presentaba a la institución religiosa de su época, el templo y su burocracia organizacional, como un estorbo mayúsculo para que la gente se acercara a Dios. Es paradójico. A los entonces administradores oficiales de la verdad espiritual, tenidos en veneración por todo el pueblo, los denuncia por “tener la llave de la ciencia” y al mismo tiempo impedir a sus oyentes entrar en el reino de Dios.11

En otros pasajes, Jesús acusa a los líderes institucionales de ser ciegos, guías de ciegos.12 En otros más (su denuncia más fuerte, en Mateo 23), de guiar a la gente a la destrucción en vez de a la salvación.13 Nótese que Jesús es genérico en sus denuncias. Denunció a la casta burocrática totogenre, pues la percibía como una estructura o sistema corrupto (aunque había, a nivel individual, como suele ser el caso, honrosas excepciones como, quizás, Nicodemo o Gamaliel).

El Cristo que a los 12 años escuchaba absorto las Escrituras con los eruditos rabinos en los atrios del Templo de Jerusalén, llegó veinte años más tarde a echar fuera de esos mismos atrios a los mercaderes allí instalados con permiso de los altos jerarcas. Denunció, en términos no inciertos, que aquello había sido convertido en cueva de ladrones, en vez de un espacio para que la gente de todas las naciones se acercara a Dios.

Hacia el final de su ministerio, cuando en Mateo 24 los discípulos le hablaban sobre la grandeza arquitectónica del templo, el símbolo por excelencia de la institución dominante, y el corazón mismo del culto, les advirtió enseguida que no quedaría de todo eso piedra sobre piedra.14 Aparece allí un énfasis en evitar que sus discípulos pusieran sus ojos en los deslumbrantes edificios y todo lo que éstos representaban.

Jesús de Nazaret, una propuesta subversiva

Pero, curioso, de vuelta a Mateo 23, Cristo no condena nunca la cátedra de Moisés, sino que la valida enfático.15 Jesús, en el proceso de emancipar a la gente de la dependencia institucional que se presenta como mediadora indispensable entre los seres humanos y la divinidad, es cuidadoso en no dejar a la gente sin referentes codificados de autoridad. Y así, deslinda los textos sacros de aquellos que se apropian de ellos para explotar a quienes los desconocen y con su impostura de aprovechan de ellos. Pocas situaciones confunden al creyente, como el uso de textos y símbolos sacros por liderazgos religiosos ostensiblemente corruptos. Nublan o llegan a voltear al revés los parámetros éticos. Enfatizar la distinción entre intérpretes y texto, era crítico para la audiencia de Jesús.

Llama la atención, al examinar el discurso de Cristo en los Evangelios, su postura iconoclasta y contracultural. Uno de sus grandes énfasis está puesto en libertar a los hombres del arraigado concepto de la institución religiosa como mediadora

de las relaciones entre Dios y las personas. En Juan 4, durante su memorable dialogo con la samaritana, sale a la mesa de discusión una polémica contemporánea sobre el “lugar correcto de adoración” ¿Era el monte Gerizim, como afirmaban los samaritanos o el Templo de Jerusalén?, cuestionaba aquélla.

“Mujer, créeme”, responde Jesús, “en que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis”.16

Desmitificando los espacios sagrados

Examinando la totalidad de su discurso, Jesús va, pues, relato a relato, parábola tras parábola, removiendo la confianza en los lugares físicos, en los templos, en los espacios materiales sacros, y va, simultáneamente, trasladando cuidadosamente esos conceptos al ámbito de su propia persona y los corazones de los seres humanos. El templo sería, pronto, él mismo, sin restricción geográfica, sin obstrucción burocrática, y las otras estructuras, obsoletas.

Más adelante, la dicotomía es aún más contundente: en la Fiesta de los Tabernáculos, citada en San Juan 7:37-38, se nos ubica justo en el último día de aquella importante celebración. En ese día, de acuerdo con la tradición de la época, se derramaban varios cántaros de agua en el altar del templo, de manera que al terminar la ceremonia corría ésta por el patio, como en riachuelos, representando la abundancia de

Dios para con su pueblo.17 Fue justo allí y en aquel día, cuando Jesús pronunció aquel famoso “si alguno tiene sed, venga a mí y beba, y de su interior correrán ríos de agua viva”.18

El contraste es dramático. Por un lado, la multitud convocada está esperanzada y con su atención fija en el templo, en el rito y el símbolo, buscando la bendición de los sacerdotes intermediarios. Mas Jesús, poniéndose en pie, alza la voz en tan solemne momento, cambiando radicalmente el foco de atención. Parafraseándolo, en ese contexto, decía: “Si sed espiritual es lo que tienes, no es en el templo ni en el rito donde te vas a saciar, sino en mí”.19

Otra vez vemos pues a Cristo en un acto publico, en abierto antagonismo con el templo. El énfasis no estaba ni en la ceremonia, ni en si en los que la administraban había realidad o sustancia espiritual. San Juan 14:6 aborda el reiterativo tema de manera más franca: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es a través de mí”. Subversivo, si contemplamos la atmósfera polarizada en que se dijo.

Ante textos tan claros como éstos, ¿cuál era entonces realmente la relevancia de la institución y su burocracia religiosa? En aquel contexto de continuas yuxtaposiciones, el silencio era ya de por sí elocuente.

Los monopolios de la gracia

Se podría argumentar con cierta legitimidad exegética, que lo único que se puede inferir validamente de todo esto es que la antigua alianza o pacto con Israel, con su templo, sus ceremonias, y regulaciones de culto, eran, o están por ser obsoletas, pues Cristo venía a proclamar lo nuevo, lo que permanece, de lo cual el pacto mosaico era sólo sombra, figura y tipo. Pero aun si esto fuere así y no pudiésemos hacer paralelismos con instituciones religiosas contemporáneas, ni inferencias validas aplicables hoy en día, queda en el aire la pregunta: ¿por qué Jesús, en forma por demás enfática y en tantas narrativas, se señala a sí mismo y no a una nueva institución (en este caso la ekklesía) como mediador por excelencia de la relación entre Dios y las personas? ¿Por qué en las narrativas se establece categóricamente él a sí mismo, a su persona, como eje indispensable de la comunión con Dios y descarta cualquier otra vía? Esta enfática afirmación de sí mismo a exclusión de todo y todos los demás, es un punto teológico álgido, mas no por ello menor. Es un tema toral y reiterativo de su discurso, y, por lo tanto, literariamente ineludible. Hay, pienso, razones primordiales para ese énfasis discursivo. Y no me refiero a la doctrina de la expiación, sino a realidades históricas y empíricas.

Las instituciones y sus burocracias tienen una tendencia a secuestrar y a manipular los principios que administran. Tienden, de manera innata, a usurpar en la praxis el lugar que sólo a Dios le corresponde, al exigir obediencia antes quea Él y a la propia conciencia. De esto, la historia y la sociología de las religiones dan abundantes ejemplos.

La naturaleza misma de una institución parece ser la búsqueda de su auto perpetuación como fin prioritario, y no necesariamente el bien de las personas. Para asegurar su supervivencia en la historia, tienden a defender y promover a ultranza su imagen institucional. Cuando existe un dilema entre proteger dicha imagen y velar por los intereses de los seres humanos, éstos últimos suelen ser inexorablemente sacrificados en aras de lo anterior. Existen antecedentes —muchísimos— de que por estas razones, las instituciones, cuando son religiosas, se pueden convertir no sólo en estorbos pasivos, sino —trágicamente— en obstáculos activos para la fe y la espiritualidad.

Las instituciones religiosas, es también conocido, acumulan poder basadas en su estatus de mediadoras, en vez de asumirse, más modestamente, como falibles intérpretes, y son tentadas a medrar con los anhelos más sagrados del pueblo.

Las instituciones religiosas tienen una dimensión fantasmática, existen en el imaginario colectivo como un abstracto más allá de los feligreses. Sin embargo, se encarnan y adquieren voz ante la sociedad a través de las jerarquías que las rigen. La voz de la institución es siempre la voz de la jerarquía. Son esos intereses los que representan y protegen, no los del común de los creyentes. El Nuevo Testamento presenta consistentemente a Jesús al lado de los creyentes, del pueblo, en tensión con la institución de la época, casi como si dos mediadores estuviesen compitiendo por allegarse sus lealtades.

Ante estas imágenes, surgen algunas preguntas literarias. ¿Será que Jesús, quien la narrativa presenta como viniendo al mundo a libertar del mal al ser humano, luego encomienda a una institución (¡y a una sola!) la administración de su gracia, de manera que las personas quedan de nuevo dependientes o esclavizadas, a expensas de una estructura religiosa, como lo estaban antaño a aquel al sistema del templo y a los escribas? ¿O será, por el contrario, que su misión fue emancipar, entre otras cosas y de una vez y para siempre, a los seres humanos de las estructuras religiosas y sus caprichos terrenales, abriendo acceso por medio de sí mismo a Dios, como lo afirma claramente, por todos lados, el Nuevo Testamento?20

Hágase una breve observación de las estructuras eclesiásticas y sus sacramentos. Nótese qué aspecto de la gracia de Dios no se supone que es forzosamente mediado y administrado, de una manera u otra, por la institución. ¿No es esto, honestamente, sospechoso?

La administración del bautismo, dependiendo la tradición; el sacramento de la eucaristía o la comunión que sólo una elite especial bendice y dispensa; la confesión; la declaración de salvación en los protestantismos; la interpretación oficial de los textos sagrados por los escribas; la absolución de pecados; la extremaunción, y todo lo que cabe en medio.

Del nacimiento a la muerte, del bautismo al matrimonio —si es el caso—, todo acceso a la gracia es mediado “al pueblo”, a los laicos, por instituciones y clerigos profesionales con misterioso celo.

Pero, ¿en dónde se ve eso en el Nuevo Testamento? Verbigracia: ¿qué obispo o sacerdote ordenado fue el que bautizó a San Pablo? Ninguno. Fue un sencillo seguidor de las enseñanzas de Jesús, sin rango ni estatus eclesiástico, de nombre

Ananías. Se puede leer el relato en el libro de los Hechos.21 ¿Y por eso no fue válido su bautismo? ¿O fue luego Pablo a Jerusalén a pedir que lo bautizara alguno de los apóstoles? ¿O al menos un diácono ordenado? ¿Hay algún registro de alguna polémica sobre la validez o invalidez del bautismo de Saulo de Tarso? ¿Algún reproche, quizás, a Ananías por usurpar funciones que no le correspondían o administrar sacramentos que no valían?

Emancipación: el otro discurso

Nada. Y eso indica, al menos, que la obsesión por centralizar poder y sacramentos no existía aún en los inicios del cristianismo. Todo el que ha leído, sabe que el sistema sacramental mediado institucionalmente como existe hoy en día, es producto de siglos de mutación teológica. Lo curioso es que la mutación no fue al azar, sino sesgada. Toda la gracia —se afirma— vino a quedar bajo la tutela y administración de una monarquía al frente de una organización eclesiástica. Y los que no son ministros, o los llamados laicos, por ende, necesariamente terminaron en un estado de irremediable y riesgosa dependencia institucional.

Al nacer y crecer en una cultura religiosa permeada con estas nociones, naturalmente se es socializado en sus prácticas e ideas. Queda la idea de que si no se acude al lugar “sagrado” o al rito oficialmente autorizado, no se alcanzará quizás el perdón divino o no se podrá participar en el más allá de un paraíso, ver otra vez a seres cercanos ya fallecidos, etcétera. Es importante a su vez contar con la complacencia y el beneplácito de los perpetuos custodios de la gracia; es más seguro.

Mas Jesús de Nazaret, no mencionaba institución cuando afirmaba: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.22 Y ni dudar que está hablando en el citado texto de su propia persona. Y no nombra acompañantes ni compadres para tan elevado quehacer. Menos aún, falibles organizaciones, sea cual sea su nombre o abolengo.

Si Jesucristo vino para hacer libre al ser humano (en muchos sentidos), luego pues, no lo vuelve a dejar dependiente, ni subordinado servilmente a instituciones.

Con Jesús, la institución religiosa venía a ser, poniéndolo eufemísticamente, “dispensable”. Por no decir espiritualmente irrelevante y, aun, como lo había enfatizado él en varias ocasiones, hasta estorbosa por su naturaleza explotativa e insensible hacia la gente. Y, en ocasiones, pretenciosa y ofensivamente arrogante.

Jesús había venido a emancipar con su discurso, según las narrativas, también de esa codependencia institucional dañina de la que tanto provecho obtienen ministros impostores. Esas actitudes dolosas fueron lo que lo llevó a increpar a los jerarcas de su época por actos directos de depredación económica contra los creyentes, por su doble moral, la cual no excluía la lujuria reprimida, el saqueo a las viudas y el pisoteo de los derechos, causando indecible sufrimiento al rebaño. Todo en el nombre de Dios y con argumentos teológicos torcidos.

Esto es, por supuesto, un acercamiento literario a las narrativas del iconoclasta de Nazaret, aplicable a aquella época. ¿O lo son también a la nuestra? Cuestión de creencias


10 Desiderius Erasmus. 1516. Comentario sobre S. Mateo 11:30, en Novum Instrumentum.

11 San Lucas 11:52.

12 San Mateo 15:14.

13 Véase, por ejemplo, San Mateo 23:13 y 15

14 San Mateo 24:2.

15 San Mateo 23:2-3.

16 San Juan 4:21.

17 Albert Edersheim, La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Terrassa (Barcelona): CLIE, 1978.

18 San Juan 7:38.

19 La referencia inmediata es a la promesa del Espíritu Santo, según el versículo 7:39.

20 Por ejemplo, Hebreos 10:19-20.

21 Hechos 9:17-18.

22 San Juan 14:6.

Adaptado del libro La explotación de la fe

Dr. Jorge Erdely

(Ediciones B, 2008)

Capitulo 14: “Co-dependencia institucional”

El Cardenal y el pederasta: impunidad total

El lenguaje político esta diseñado para hacer que las mentiras suenen verosímiles.
George Orwell

Hasta donde tengo conocimiento, en México no ha habido un solo reporte documentado ante las autoridades civiles o eclesiásticas de algún sacerdote pederasta.

Cardenal Norberto Rivera Carrera
Arzobispo Primado de la Ciudad de México.
Julio de 2002, entrevista a la revista 30 Giorni.

En octubre de 1994, Joaquín, un niño de 13 años, fue violado salvajemente por el sacerdote diocesano Nicolás Aguilar Rivera, vicario de la parroquia de San Antonio de las Huertas, en la Ciudad de México. El crimen ocurrió en la rectoría del templo. Mientras lo violaba, sólo unos metros afuera, el cura titular, Antonio Núñez, oficiaba misa.

Joaquín no podía saberlo. Para entonces, el padre Nicolás, llevaba al menos 86 victimas, 60 reconocidos por autoridades católicas de Puebla en 1997, y 26 más que reportó el Departamento de Policía de Los Ángeles, California, nueve años antes, en 1988. Al padre Nicolás se le abrieron dos procesos penales, uno en cada país por los ilícitos. No pisó nunca la cárcel. Incardinado en la Diócesis de Tehuacán, su obispo en aquellas fechas era Norberto Rivera. De acuerdo con nuevos documentos oficiales de la Iglesia a los cuales hasta hace poco no se podía acceder, el ahora cardenal y arzobispo primado de la Ciudad de México, Norberto Rivera Carrera, siempre estuvo al tanto de dónde estaba su sacerdote pederasta. Nadie más le podía otorgar los permisos para oficiar en las distintas parroquias católicas a las que se le promocionó como vicario durante 20 años.  El padre Nicolás sigue oficiando como sacerdote y en contacto con menores de edad.

El caso del religioso con más víctimas sexuales en la historia mexicana fue el del  sacerdote Gaspar de Villarias, que se remonta al siglo XVII. De acuerdo con documentos del Archivo General de la Nación y del Tribunal del Santo Oficio, entre 1610 y 1620, Villarias utilizó su posición de presbítero y el secreto de confesión para abusar de más de 90 mujeres católicas de todos los estratos socioeconómicos. Se puede decir que fue el caso más notable de la época colonial, cuya repercusión llegó hasta Roma.

Hoy, el padre Nicolás Aguilar Rivera ha rebasado —en número y sordidez— ese récord de ignominia, al violar, ultrajar y explotar sexualmente a alrededor de cien niños, también al amparo de su puesto y utilizando lo mismo el espacio de hogares católicos que le abrieron las puertas, que  templos y edificios parroquiales. Continuar leyendo el capítulo

¿Como tratan las iglesias hoy en día los casos de seducción a feligresas por parte de ministros? ¿Qué hay de los que, encima, cometen adulterio con ellas? ¿Los sancionan o los solapan? ¿Los cambian de templo y ya, como sucede con muchos curas pederastas, o les cancelan el permiso para ejercer el ministerio? ¿Tienen estándares de ética más altos las asociaciones profesionales del mundo que las iglesias contemporáneas, so pretexto de lo que Bonhoeffer llamo cheap grace?

Cuando un ministro religioso, cura, pastor, diacono, “líder de alabanza” 1, etcétera, se involucra sexualmente con alguien que se encuentra bajo su cuidado espiritual —el caso clásico en Latinoamérica es el de un ministro casado y una feligrés mayor de edad 2—, existe una relación de inequidad que pone en desventaja importante a la mujer. Esto sucede porque el pastor tiene una relación jerárquica de autoridad sobre sus congregantes y frecuentemente tiene acceso a información privada sobre vulnerabilidades personales de las mismas. Dicha información es obtenida a menudo a través de la consejería pastoral, en la confesión de situaciones personales, o proporcionada por terceros que confían en el líder espiritual para ayudar a un ser querido.

Explotando vulnerabilidades

La posesión de dicha información pone en un estado especial de vulnerabilidad a las mujeres. El acceso a información privada, aunada a la relación de confianza, admiración y respeto por la investidura en que se proporciona la misma, así como la posición de subordinación jerárquica de la oveja hacia el ministro, hacen que las relaciones románticas y sexuales sean inherentemente explotativas por parte del líder. Como explica Petter Rutter 3, no se trata realmente de relaciones en condiciones de igualdad. En todos los casos se trata, pues, de un abuso de poder por parte del ministro, sacerdote o pastor. No se requiere que exista uso de la fuerza o coerción para calificarlo así.

Cuando existe además adulterio, esto agrava y complica más el caso, pues implica a su vez la traición a la confianza de hijos, familiares y cónyuges por una o ambas partes.

En palabras del eticista Stanley Grenz, ¿implica esto entonces que “cada acto sexual entre una congregante y su pastor conlleva implícitamente un abuso de poder y es un acto de traición de confianza”?4 Basándose en las investigaciones de la especialista Marie M. Fortune, responde:

“Cualquiera que sea su motivación, la congregante entra a esa relación con una vulnerabilidad especial…Así es que ella se encuentra en una posición de desigualdad en cuanto a él”.5

Por eso, Grenz y la doctora Fortune coinciden que para que no hubiese una relación de desventaja para la mujer —y por ende explotativa—, ambos tendrían que relacionarse en condiciones de verdadera equidad. Aun es cuestionable legalmente el “pleno consentimiento” a la relación sexual en dichos casos, aunque en apariencia la haya, y aunque en eso se escuden muchos ministros explotadores.

Volviendo a la pregunta de Grenz, si cualquier relación entre un ministro y una feligrés, es necesaria e inherentemente explotativa —y por lo tanto una grave falta de ética profesional—, esa conducta requiere ser identificada, confrontada, y denunciada.

Criterios profesionales seculares

Un ejemplo de las normas que rigen a los profesionales de la salud mental en países democráticos industrializados puede ilustrar bien el punto. Las asociaciones y colegios de psiquiatras y psicoterapeutas suspenden la licencia para ejercer dichas profesiones a sus miembros si éstos se involucran en relaciones sexuales con sus pacientes, aunque éstos sean adultos. De hecho, en algunos países es requerido por ley que un psiquiatra o psicoanalista haya dejado de atender por varios años a su paciente antes de que le sea lícito entablar una relación romántica o íntima con él o ella.

Las razones son las mismas que comentan Marie Fortune, Grenz y otros especialistas: el profesional de la salud mental tiene una relación privilegiada de confianza con su paciente, relación cuyo propósito es contribuir al bienestar del mismo. En virtud de esa relación y con la expectativa de la mejoría en mente, el paciente revela voluntariamente ante el profesional áreas vulnerables de su vida privada. Frecuentemente le confiará aspectos de su pasado, de sus miedos y sueños y metas, de su vida íntima sentimental y/o sexual, información que en otras circunstancias no comentaría con otras personas en tal detalle o amplitud. Esa información puede ser ofrecida inicialmente por el paciente o inquirida por el profesional para diagnosticar una problemática. Si el psiquiatra o terapeuta no utiliza éticamente esa información y en vez de ello decide usarla para obtener gratificación sexual y/o afectiva, la paciente está en terrible desventaja ante el depredador, pues es susceptible muy fácilmente a ser manipulada. El terapeuta, en cambio, no requiere de proporcionar información privada a la contraparte ni acude a la consulta con la expectativa de recibir ayuda. El reconocimiento de esa vulnerabilidad ha dado lugar a que existan normas que regulen la relación profesional de la salud mental-paciente en los países civilizados.

Por supuesto, no todos los psiquiatras y terapeutas respetan el código ético que rige su trato con las pacientes. Algunos deciden no hacerlo y cuando son descubiertos tienen, a diferencia de la mayoría de los ministros religiosos, consecuencias. Penas de cárcel, demandas civiles, escrutinio público. Es común que se les suspendan y en ocasiones se les cancelen de por vida sus licencias profesionales. Esto es, no pueden volver a ejercer su profesión; de hacerlo, incurren en serias sanciones. Esto sucede tratándose de la actividad sexual entre un profesional de la salud adulto y su cliente adulta en una relación de “mutuo consentimiento” en el ámbito secular. ¿Como tratan las iglesias hoy en día los casos de seducción a feligresas por parte de ministros? ¿Qué hay de los que, encima, cometen adulterio con ellas? ¿Los sancionan o los solapan? ¿Los cambian de templo y ya, como sucede con muchos curas pederastas, o les cancelan el permiso para ejercer el ministerio? ¿Tienen estándares de ética más altos las asociaciones profesionales del mundo que las iglesias contemporáneas, so pretexto de lo que Bonhoeffer llamo cheap grace?

La relación sexual entre un líder religioso y cualquiera de sus congregantes —indistintamente si involucra el adulterio— es, además de una violación de la ética cristiana a la que los ministros se suscriben, un abuso de poder que no puede minimizarse. Es de hecho, el signo distintivo de un explotador profesional y trae graves consecuencias —en ocasiones devastadoras— para las creyentes que se dejan deslumbrar por el estatus, poder, por la aparente sapiencia, por la solicitud y empatía, o por el carisma, el talento u otros señuelos con que medran muchos explotadores de la fe con pocos escrúpulos.

Tomado y adaptado de Seducción en el seminario.

La Explotación de la Fe

Ediciones B

2008

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1 Este cargo, líder de alabanza, ha cobrado enorme autoridad en movimientos carismáticos católicos y en el neopentecostalismo, a veces, a la par, o más, que la del pastor y el sacerdote. Rebasa la idea tradicional del cantor o el director del coro o encargado de la música y se idealiza como dechado de espiritualidad en la misma medida en que la música ha venido adquiriendo un papel preponderante en el culto y la vida de esos movimientos.

2 Excluyendo, obviamente, la pederastia, tan prevaleciente entre el clero católico. Véase Manto púrpura: pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera, de Sanjuana Martínez (México DF: Grijalbo, 2006).

3 Peter Rutter, Sex in the forbidden zone: When men in power —therapists, doctor, clergy, teachers and others— Betray Women Trust (Los Angeles: J.P. Tarcher, 1986).

4 Stanley J. Grenz, Roy D. Bell, Betrayal of Trust: Sexual Misconduct in the Pastorate (Downers Grove: Illinois: InterVarsity Press, 1995), pp. 91. Marie M. Fortune, Is nothing sacred? When sex invades the Pastoral Relationship (San Francisco: Harper & Row, 1992).

5 Ibíd., pp. 91-93.

La leyenda de la infalibilidad papal está presente tanto en el catolicismo como, en cierta manera, en el protestantismo contemporáneo. A menudo, se aplica una simple extrapolación de este arquetipo para que perciba a cualquier ministro religioso como incuestionable, como un ser humano superior o incluso divinizado.

Planteémoslo así: ¿en que idea se refugia esa multitud vergonzante de ministros religiosos fraudulentos, y aun criminales sexuales que ocupan los encabezados de los periódicos cada semana? En el mito de que su cargo les confiere estatus de seres especiales, una cierta inmunidad a las normas. Cuánta gente sufre callada, y por años, abusos inconcebibles. Cuántos son testigos de infamias bien corroboradas y permanecen mudos, dudando, cuando en otro contexto tendrían las cosas claras y hablarían. Es más, se movilizarían para hacer algo y defender a quienes son víctimas. Pero es en el ámbito de las creencias en que el abuso religioso ejerce su influjo, como una suerte de hechizo. En eso estriba su impunidad, su amplio margen de maniobra entre el rebaño: no es un ser humano común quien comete el delito. No es como el resto de los mortales. Es el cura, el ministro. Alguien especial.

Eso dice el mito, pero si Pedro no fue infalible, ni reclamó o imaginó jamás serlo, entonces existe una base teológica para establecer el derecho de los feligreses a solicitar la estricta rendición de cuentas de parte de sus ministros y que comiencen a derrumbarse los fueros monárquicos medievales.

Tomado del capítulo 12, Los límites de la autoridad pastoral
La explotación de la fe
Ediciones B
2008

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Hay interpretaciones religiosas torcidas que se usan en nuestra cultura con peligrosa frecuencia para tratar de legitimar abusos. Especialmente cuando impiden ver a criminales y depredadores como lo que son. Por ejemplo, el pederasta con más víctimas documentadas en la historia contemporánea de nuestro país es el sacerdote Nicolás Aguilar. Ha ultrajado a alrededor de cien menores.

Más que el infame Succar Kuri. De hecho, el padre Aguilar es un violador serial. ¿Pero acaso lo percibe así la sociedad en general, la justicia civil, los fieles? No. Por eso es que sigue libre y además, oficiando misas. Su investidura funciona como mecanismo cultural que le garantiza una singular impunidad. Y la ha aprovechado al máximo. Su estatus de sacerdote lo pone en un plano distinto a los demás ciudadanos en la percepción popular. Le otorga impunidad real a casi a todos los niveles.

¿Pero que es un cargo sacerdotal? ¿No emana, finalmente, de creencias religiosas? Exacto. Y eso muestra el poder de las mismas. Cualquier idea que logra que un violador serial ande caminando por la calle tan campante, tomándose fotos con menores y dando misa sin consecuencias, sin la repulsa generalizada de la sociedad, sin la expedita acción de la justicia, no es cualquier cosa. La mera protección política no explica el caso del sacerdote Aguilar. Es por ello, precisamente, que Succar Kuri está en prisión, pero el padre Nicolás Aguilar sigue libre tras dos décadas de pederastia sin freno.

Tomado del libro La explotación de la fe
Ediciones B
2008

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El agresor de la niña Érica Rodríguez tiene nombre y rostro: Manuel Beliz. A pesar de haber sido sentenciado a 11 años de prisión por violación, fue reintegrado a la membresía de los Testigos de Jehová luego de un breve periodo de leve “excomunión”. Durante el juicio penal, el líder contó con amplio apoyo moral de sus amigos Testigos, de las autoridades de su organización y de familiares practicantes de la misma fe. Por su parte, Érica, quien se vio obligada a iniciar el doloroso proceso judicial a la corta edad de 21 años, fue estigmatizada, aislada y considerada “traidora” por haber acudido a las autoridades por haber acudidoSilentLambs Webpage a las autoridades a denunciar al líder que abusó sexualmente de ella de los cuatro a los 11 años de edad.

Lo que más resalta al examinar el caso es una solidaridad feroz en torno al líder religioso mencionado, la cual contrasta con la indiferencia inconcebible hacia una niña que vivió encerrada en un infierno de vergüenza y dolor por siete años. Siete años paralizada ante la amenaza del líder de expulsarla de los Testigos de Jehová a ella y a sus padres si lo denunciaba por violarla.

La solidaridad, un rasgo distintivo de la cultura latina, frecuentemente se pervierte dentro de estructuras religiosas autoritarias. Entonces se torna en encubrimiento y complicidad que favorece el silencio. Esa secrecía en que florece la impunidad que destruye a los más vulnerables.

Tomado del libro La explotación de la fe
Ediciones B
2008

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Contexto

Pocos conocen la rígida estructura patriarcal que ha elaborado lineamientos “divinos” para que no se denuncien a las autoridades los múltiples casos de pederastia por parte de líderes, en su mayoría contra niñas y adolescentes, que ocurren con preocupante frecuencia en los Testigos de Jehová. Hay un sitio de internet que ha documentado decenas de miles de casos. William H. Bowen, quien fuera anciano y miembro de dicha organización por mas de 30 años, ha dirigido con éxito silentlambs.org desde el 2001. Se trata de una asociación no-lucrativa dedicada a documentar este problema y ayudar a victimas. Su incansable trabajo a favor de los derechos humanos de las mujeres y niñas Testigos de Jehová ha sido eficaz. Su página de internet es indispensable para entender esa dimensión poco conocida de los Testigos de Jehová, ese patriarcalismo perverso que no es exclusivo, como muchos piensan y otros desearían, de la jerarquía católica.

www.silentlambs.org tiene información sobre este tema en español e inglés.

 

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